Rio de Voluntad (Español)
Fundación Esperanza de México ha sido la barca en esta ocasión en la que elegí zarpar. La familia urbana marginada mexicana y su extraordinaria cultura fue el sendero por el que nos toco navegar. En esta barca no fui solo, un grupo de líderes voluntarios de distintas culturas y nacionalidades (Estados Unidos, Pakistán, Haití, Puerto Rico, Nicaragua, Vietnam, etc.) y claro que la sangre mexicana como narra su Himno: “al sonoro rugir del cañón”.
Todos vestimos la misma playera de ESPERANZA y con todos los instrumentos materiales, pico, pala, cubeta, guantes, lentes, etc. No nos importo sudar “la gota gorda” porque al fin de cuentas el salario de nuestros esfuerzos era contribuido con monedas de oro que no se desgastan y que se llevan en el bolsillo del corazón.
Cada casa “Esperanza” construida guarda el misterio de fronteras que se quiebran, en cada uno de sus bloques están plasmadas las huellas dactilares de hombres y mujeres con hambre de igualdad social, en cada uno de sus espacios a lo ancho y a lo profundo se quedo sembrada una semilla que florece con el tiempo con sentimientos de admiración y gratitud. Para cada uno de nosotros una casa “Esperanza” representa una verdad absoluta que podemos gritar desde aquí hasta el resto del mundo: “La unidad hace la fuerza” y unirnos al canto de alegría popular que canta: ¡Si se puede, si se puede, si se pudo, si se pudo!
Juan Donoso Cortés decía:
“Hay que unirse no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”
Bajo el lente de mi lupa la sumatoria de todos los esfuerzos por un bien común, sin distinción de clases ni fronteras, es el resultado de un mundo con Esperanza.



